Atropurpureum
Cuando se toca una de las 7 almas, lo sienten todas. Frágiles por separado, macizas juntas.
7 raíces del mismo árbol. El Atropurpureum, diría yo. Un árbol distinto, listo para dar sombra y reposo a cualquiera que pase. Un árbol fuerte, sostenido por sus 7 raíces, con sus hojas rojas: rojo vivo, llamativo. Vivo.
Pero esa belleza es de lejos. A medida que te acercás, aparecen las grietas. Cada raíz tuvo sus batallas —algunas ganadas, otras perdidas— y de cada una quedó una marca. Y ahí, justo ahí, está la verdadera belleza: ninguna de las 7 escapó al contacto. Hay golpes que se aguantan y golpes que no. No siempre que una cayó pudo levantarse sola.
Pero cuando no podía, ahí estaban las otras 6. La enredaban entre sus ramas y la subían de nuevo, sin importarles las espinas —esas que uno saca para que no se acerquen demasiado, y que ellas atraviesan igual.
Nacieron del mismo tronco.
Por eso se abrazan. Se ayudan. Siempre.
5 de septiembre de 2026